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lunes, 4 de agosto de 2008

Así estoy yo sin ti

El ventilador gira sin cansarse. La ventana está cubierta por unas cortinas doradas, atravesadas por rayos de sol. Un gato gris duerme en la butaca verde. La joven teclea de forma veloz en el portátil, sin mirar las teclas. La vista fija en la pantalla. El ceño fruncido. Los labios apretados. La tele emite imágenes de una película de aventuras, típica de la programación veraniega. La joven tiene el portátil sobre las piernas desnudas. Sólo lleva un vestido de tirantes, muy corto, azul con flores rosas sobre el pecho. Se detiene de vez en cuando, y mira la tele, y mira al gato durmiendo. Y vuelve a teclear. Su expresión va cambiando poco a poco, se dulcifica. Las arrugas de su frente desaparecen, los labios se relajan. Cuando termina de escribir, lee lo escrito detenidamente, durante mucho rato. Recorre la pantalla del portátil con la vista, una y otra vez. Suspira. Sus ojos se humedecen y una lágrima brota del lagrimal derecho. Pulsa la tecla intro y lo que estaba en la pantalla desaparece. Ha enviado un correo electrónico.


La persiana está bajada del todo, el cuarto lleno de estanterías con libros está en semipenumbra. Un joven está tendido en la cama, sin camiseta, mirando al techo fijamente. Apenas pestañea. Su frente brilla por el sudor. Suena una canción de Sabina en la minicadena:

«…inquieto como un párroco en un burdel,
errante como un taxi por el desierto,
quemado como el cielo de Chernobil,
solo como un poeta en el aeropuerto...
así estoy yo, así estoy yo, sin ti…»

En un rincón, sobre una mesa, está el ordenador, con su pantalla plana y la torre al lado. En el monitor hay un salvapantallas con imágenes de bosques y montañas, que van cambiando sucesivamente, en silencio. De pronto, el ordenador emite un bip bip y el salvapantallas desaparece. El joven tarda unos segundos en reaccionar. Levanta un poco la cabeza mirando el monitor. Luego se endereza de golpe y salta de la cama para sentarse en la silla con ruedas, junto a la mesa. Su respiración está agitada. Tiene las manos sobre las piernas. Mira fijamente la pantalla, como antes miraba el techo. Levanta la mano un par de veces en dirección al ratón y vuelve a dejarla sobre la pierna. Tiene una expresión mezcla de sufrimiento y esperanza en la cara.

Al fin agarra el ratón y pulsa el botón derecho. Un largo texto aparece en la pantalla. El joven comienza leyéndolo con el ceño fruncido y los labios semiabiertos. A medida que va leyendo, su frente se relaja y los labios se cierran hasta formar una sonrisa. Suspira. Sus ojos se humedecen y una lágrima cae de su lagrimal izquierdo.

4 comentarios:

cleindori dijo...

la proxima vez procurare llorar por un solo lagrimal... creo que ya he derramado demasiadas lagrimas en estereo para nada.

Alice dijo...

Te aseguro que es realmente difícil conseguirlo, pero suerte...

cleindori dijo...

me animas, has dicho difícil, eso es que no es imposible, eso es que puede conseguirse :)

Alice dijo...

No, no es imposible, cleindori. Pero donde esté un buen llanto en estéreo...limpia y lava más que otra cosa. Aunque también se hinchan más los ojos.