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lunes, 30 de septiembre de 2013

Al Otro Lado del Espejo


Os presento un "nuevo" blog. Vale, vale, no es nuevo. Pero una catástrofe cósmica hizo que hace unos días desaparecieran todas las entradas que tenía en "Al Otro Lado del Espejo", y la Ley de Murphy hizo que se me olvidara todo lo aprendido en la Facultad de Informática y no hubiese hecho una copia de seguridad (cosa que ya tengo hecha de todos y cada uno de mis blogs), así que perdí todas las entradas que tenía este blog. Después del tremendo disgusto, me repuse como una jabata y como no era capaz de recordar lo que había escrito en... no sé, un par de años, me propuse recomenzar, a la vez que estoy recomenzando mi vida, y que este blog fuera fiel reflejo de esta nueva etapa. Y aquí os lo presento formalmente, con estas tres primeras entradas nuevecitas y calentitas. Pasad y poneros cómodos. Sois bienvenidos al maravilloso mundo del otro lado del espejo...

sábado, 12 de junio de 2010

De limpieza

 

Y comienzo a hacer limpieza y airear los rincones oscuros...

Atravieso en bus la Ciudad Universitaria y observo a los estudiantes preparándose en corrillos para el botellón de los jueves. Recuerdo haber tenido su misma edad, pero no recuerdo haberla vivido. O al menos no haberla vivido con la suficiente intensidad, la intensidad necesaria para quemar esa etapa de la vida. Les envidio. Pero no me cambiaría por ellos. Esa edad pasó, y fue vivida como se pudo, según lo que sabía entonces. Abro la ventana y dejo que entre la luz...






sábado, 12 de septiembre de 2009

Células ¿eternas?


Un día, una célula del centro de mi pecho, en el interior de un ganglio linfático, decidió comenzar a multiplicarse como loca. Se puso a crecer y crecer, en un ansia por vivir eternamente, en un intento por llenar el espacio vacío que encontró entre el corazón y el esternón. Y lo llenó. Demasiado. Y entonces enfermé. Mis propias células me mataban por dentro.

Ha pasado el tiempo. Las células con ansias de eternidad murieron. Yo sigo viva. Y algo dentro de mí sigue buscando llenar el hueco entre mi corazón y mi esternón.


miércoles, 22 de julio de 2009

Luna nueva

Para romper la costumbre (a veces sienta genial romper cosas), hoy dedico un post a la luna nueva. Esa que fue pisada por botas humanas hace 40 años. Esa que nos altera los mares y la sangre y las emociones cada mes. Esa que se esconde cuando ya no soporta más la luz del sol. Esa que tapa al sol como muda venganza. Esa que me mira con sus ojos de cráteres desde hace tantos años (¿un bebé de cuatro meses puede ver la luna?) y me quiere decir algo (lo sé, estoy convencida), pero no la entiendo.


miércoles, 3 de junio de 2009

9.000

Sobrepasadas ya las 9.000 visitas...
En menos de dos años.
Desde septiembre del 2007.
Cómo vuela el tiempo, cómo abundan los visitantes...
Qué increíble me sigue pareciendo.

Qué bienvenidos son todos.

Qué agradecida me siento.

Si supiera quién será el número 10.000, le daría un premio (por determinar).

domingo, 22 de marzo de 2009

Marzo ventoso





















Febrero loco, Marzo ventoso y Abril lluvioso, dejan a Mayo florido y hermoso...


Febrero fue muy loco: lluvia, nieve, sol, calor, frío.

Pero marzo no está haciendo honor al refrán. Echo de menos el viento del sur (o del este, o del oeste, o incluso del norte), ese viento que me arrasa, que retumba en mis oidos y se lleva mis malos rollos.

Me recuerdo en el pueblo. En medio de un trigal. Amapolas a un lado, margaritas al otro. Las espigas silban. Mi pelo vuela. Los ojos cerrados, deseando que el viento me lleve. Lejos, muy lejos.

Ya estoy lejos. Pero sigo deseando que el viento me despoje de ropa y pensamientos y me haga renacer, desnuda y feliz.




martes, 3 de marzo de 2009

El tiempo se ha detenido.

No parece avanzar.

El mismo día se repite.

Una y otra vez.

El mismo segundo vuelve.

Siempre igual.

Me ha caído la maldición del eterno presente.

Condenada a repetir lo mismo, una y otra vez.

Hasta el infinito.


miércoles, 11 de febrero de 2009

Olor a Marzo

Hoy huele a Marzo.
Huele a hierba.
A flor de romero.
A días cada vez más largos.
A puestas de sol enrojecidas.
A sangre que se renueva.
A sangre que se altera...
Que se altera demasiado.

Huele a vida que empieza.




7007

En mi contador de visitas aparece esta noche un simétrico 7007.

Si supiera quién ha sido, le daría un premio a mi visitante número siete mil siete.

Nunca, en mi solitaria infancia y adolescencia, pude soñar con que más de siete mil personas (o menos, pero repetidas veces) leyeran mis escritos. Y encima reincidieran.

Me siento afortunada.

Qué hubiese sido de mí sin las nuevas tecnologías...

Gracias a todos.


miércoles, 21 de enero de 2009

Cuenta atrás

El tiempo se me escapa entre los dedos,
como arena.
Tengo los granos contados.
Cada vez quedan menos y fluyen más rápidos.
Se deslizan por la ladera como si los persiguiera el diablo.


Los segundos me irritan la piel a su paso.
Si pudiera detener el tiempo y arrancarme la piel a tiras...



domingo, 28 de diciembre de 2008

Vértigo

Como si me deslizara cuesta abajo por un tobogán largo, muy largo. Como si al final me esperara un negro agujero. El fin de año me atrae para devorarme. Y desapareceré en su oscuro vientre.
Para salir por el otro lado.
¿Para salir por el otro lado?


sábado, 13 de diciembre de 2008

Odio esperar

Odio esperar a alguien.
El tiempo se detiene y te sientes presa de alguien que ni siquiera está ahí.
Te sientes ridícula y sin saber qué hacer con las manos.

Empiezas a pensar qué habrá pasado, por qué no avisó del retraso, si vendrá o no vendrá.

La espera puede durar minutos, horas, días. Algunas esperas duran años.
A veces siento que llevo toda mi vida esperándote.
¿Será por eso que no acabas de llegar?

lunes, 17 de noviembre de 2008

Esperando

Sandra Lagos se sienta en la parada del autobús. Y espera. Espera durante mucho rato. Al principio está tranquila, pero poco a poco se impacienta. Cuánto tarda en llegar el maldito autobús. Por fin, a lo lejos, ve aparecer un bus rojo. Sandra suspira, por fin, piensa mientras se incorpora. El autobús se acerca, Sandra ve el número, y no, no es el suyo. Vuelve a sentarse.
Sigue esperando. Pasan uno, dos, hasta tres autobuses. Verdes, rojos y amarillos. Ninguno es el suyo. Sandra se desespera. Tiene la sensación de que va a estar toda la vida allí sentada, bajo aquella marquesina, en medio de la nada, esperando a un autobús que nunca llegará. Aún así, sigue esperando.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Ahora que puedo decir que me he librado por primera vez en muchos años de ir al cementerio el día de Todos los Santos (costumbre instituida por mi madre), ahora que los turrones invaden las estanterías de las tiendas, y algún anuncio navideño sale ya en la tele, me gustaría poder librarme con tan fácilmente de la Navidad. No quiero que llegue. No quiero ver luces de colores, ni adornos, ni arbolitos, ni oir villancicos, ni aguantar anuncios sensibleros, ni películas ñoñas. No quiero lotería de navidad, ni cenas de navidad, ni regalos de navidad (mucho menos de Reyes). Quiero fugarme a un país (si existe alguno en este planeta) donde no se celebre la navidad. Y si no puede ser, hibernaré hasta que llegue el 10 de enero del 2009. Qué pena que no me pueda transformar en osa a voluntad.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Eterno retorno

Ayer iba en el autobús 42 y tuve la certeza de que conocía a la pasajera que iba sentada delante de mí. Una mujer de unos cincuenta años, con una tirita en la frente, que no había visto en mi vida. Me está pasando esto con frecuencia últimamente. Además de los dejá vu.
Se me ocurrió una teoría; la vida que estoy viviendo, no es la primera vez que la vivo. He repetido la misma vida, los mismos actos, los mismos movimientos, los mismos trayectos, las mismas actividades, he conocido a las mismas personas y viajado a los mismos lugares, al menos miles de veces. Quizá millones de veces. Eso sí, con alguna pequeña, mínima modificación. Algo similar a lo que le ocurría al protagonista de "Atrapado en el tiempo".
Supongo que de una repetición a otra aprenderé algo. Pero tengo la terrible sensación de que sigo cometiendo los mismos errores una y otra vez, una y otra vez, y los seguiré cometiendo infinitamente, a no ser que aprenda algo sobre ellos. Como el ciclo del eterno retorno.


domingo, 28 de septiembre de 2008

¿Qué día es hoy?

Desde que mis días no tienen horario de comienzo ni de final, ni las semanas tienen principio ni fin, me cuesta horrores saber en qué día me encuentro.
A veces, nada más despertarme, hago un esfuerzo por recordar si es martes o miércoles, o viernes o sábado, y si no lo consigo, pongo la radio. Luego, a lo largo del día, me suele ocurrir varias veces de nuevo. Hoy es domingo, creo. O eso me dicen mis amigos que hoy no trabajan. Pero como para mí son tan terriblemente parecidos todos los días....
Supongo que mañana es lunes y es laborable y la gente va a currar y a hacer otras gestiones. No sé si les envidio.


miércoles, 10 de septiembre de 2008

Tormentas

Me fascinan las tormentas. Podría quedarme en mitad del campo observando los relámpagos, oyendo los truenos, y sin el más mínimo miedo de que me cayera un rayo encima. De algo hay que morir.
Hoy están cayendo sobre Madrid todas las tormentas que no ha habido durante el resto del verano. Me siento dichosa (todo lo dichosa que puedo sentirme en este momento de mi vida).
La tormenta que resuena en el cielo es un perfecto reflejo de la que siento dentro de mi corazón. Con rayos que me parten y truenos que retumban en mis entrañas, incontrolables. Y no tengo pararrayos.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El viento

Como bien dice mi querida amiga Gloria, "El viento está cambiando a otro lugar".
El viento está arrastrando las nubes, arrastra el calor, arrastra mi pelo, arrastra mis preocupaciones.

El viento trae buenas nuevas, trae agua, trae frescor, trae vida.
Bienvenido sea el viento.

martes, 24 de junio de 2008

Diluvia

Cortinas de agua veo caer desde mi ventana, acompañadas de truenos y relámpagos y olor a tierra (más bien asfalto) mojada. Me encanta. La calle se ha convertido en un río. Y me da por recordar una biblia ilustrada que había en mi casa cuando era niña. Tenía ilustraciones de un tal Doré, que me cautivaban y me hacían imaginar y sumergirme en aquellas historias tan trágicas.
Como la del Diluvio Universal. Si ahora mismo a alguien (dejémoslo en un ente desconocido y con mucho poder) se le ocurriera la genial idea de masacrar a la Humanidad mediante un diluvio generalizado, castigando a los pecadores e impíos y salvando a los limpios de corazón, yo me pregunto: ¿de qué lado me encontraría? No estoy muy segura de ello. Es más, si alguien decidiera que la Humanidad merecía ser extinguida, yo pensaría que estaba en lo cierto, y me entregaría gustosamente al holocausto. ¿Afán masoquista y autodestructivo? Es muy probable. O quizá es que sólo soy una humilde e impía pecadora.