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sábado, 12 de junio de 2010

De limpieza

 

Y comienzo a hacer limpieza y airear los rincones oscuros...

Atravieso en bus la Ciudad Universitaria y observo a los estudiantes preparándose en corrillos para el botellón de los jueves. Recuerdo haber tenido su misma edad, pero no recuerdo haberla vivido. O al menos no haberla vivido con la suficiente intensidad, la intensidad necesaria para quemar esa etapa de la vida. Les envidio. Pero no me cambiaría por ellos. Esa edad pasó, y fue vivida como se pudo, según lo que sabía entonces. Abro la ventana y dejo que entre la luz...






6 comentarios:

Indigo dijo...

Somos agua y somos luz. ¡Y somos más aún, cuando dejamos que entre en nosotros esa luz! ¡A por ella, Alice!

Erato dijo...

Uhmmm.Me encantan ese tipo de limpiezas, Alice. Son muy sanas y luego se siente una gran satisfacción del trabajo realizado. Merece la pena y se disfruta mucho más de la luz.Abrazo y aúpa con ellas.

Mayo dijo...

Las limpiezas siempre son buenas porque encuentras guardados que no deberían estar más.
Me alegra que dejes entrar la luz, y me alegra que lo compartas porque me hace recordar las veces que necesito o necesitaré que entre la luz y hacer limpieza dentro.

Luis dijo...

Perfecta reflexión. No hay nada que envidiar, ni en el tiempo pasado ni en el que vivimos cada día. Cada cual es cada cual y accede a los pedazos de vida como quiere o como sabe o como le dejan. Hay tantos componentes a tener en cuenta.
Un saludo

Juan Antonio dijo...

Mejor no cambiarse por nadie. Mejor abrir las ventanas y dejar que la vida se abra paso.

Beso.

Alice dijo...

La limpieza es fatigosa, pero gratificante; gracias a todos por vuestros comentarios :-)