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lunes, 7 de septiembre de 2009

Que...


Que mi mente divaga.

Que mi piel arde.

Que mis labios duelen.

Que mis entrañas queman.

Que mis ojos escuecen.

Que mis dedos tiemblan.


Y nunca lo sabrá,

ni falta que hace.




4 comentarios:

truk dijo...

¿Porqué no se lo dices? Igual es mucho más aconsejable que los dos estuvierais contentos ... que ninguno. Es sólo una opinión práctica ..

libélula dijo...

Cómo duele cuando es tan profundo y cómo motiva a su vez...

cómo buscamos la escapatoria con el raciocinio y las palabras al calor que se tatúa en nuestro cuerpo y nuestra mente, llenándonos de deseo...

y qué indescriptible es ese ardor a su vez...porque traspasa y es único, y ni siquiera podemos explicarlo...
sin embargo, somos víctimas de ese encierro incompartible, deleitándonos con lo que nos produce.

El deseo es agónico...por suerte, o por desgracia.

Un besito desde los charcos.

Andrés dijo...

Coincido con Truk, que me precede en los comentarios, que "ni falta que hace" es quizás una postura demasiado contundente. Yo la pondría en duda. Besos, Andrés.

Alice dijo...

No es tan sencillo, os lo aseguro...