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domingo, 28 de septiembre de 2008

Paul Newman













Paul Newman
Reconozco que siempre me gustó más su compañero de películas y buen amigo Robert Redford (aunque Paul estaba en segundo lugar). Pero hoy, al saber que ha muerto, y de cáncer de pulmón, casualmente como mi padre, he sentido que me dolía el corazón...
Uno de los pocos actores que además de ser muy guapo era muy buen actor. Cómo pasa el tiempo. Cómo van muriendo los seres que significaron mucho para tí...
Aquí hay más información.
Es curioso, y a la vez de lo más natural, que quisiera morir en su casa en vez de en el hospital. Lo mismo que sucedió con mi padre. Me di cuenta mientras estaba tan mal en aquella cama con barrotes de un geriátrico de Toledo, delirando, rodeado de extraños, tan mal que no pudo ni pedírmelo, pero yo lo supe, y lo pedí, e insistí, y le llevaron a su casa del pueblo, que ya no era mi casa porque yo ya vivía en Madrid, y un par de semanas después murió. También de cáncer de pulmón. Es demasiado doloroso recordarlo... Pero es un recuerdo que está ahí, y no quiero negarlo.


¿Qué día es hoy?

Desde que mis días no tienen horario de comienzo ni de final, ni las semanas tienen principio ni fin, me cuesta horrores saber en qué día me encuentro.
A veces, nada más despertarme, hago un esfuerzo por recordar si es martes o miércoles, o viernes o sábado, y si no lo consigo, pongo la radio. Luego, a lo largo del día, me suele ocurrir varias veces de nuevo. Hoy es domingo, creo. O eso me dicen mis amigos que hoy no trabajan. Pero como para mí son tan terriblemente parecidos todos los días....
Supongo que mañana es lunes y es laborable y la gente va a currar y a hacer otras gestiones. No sé si les envidio.


viernes, 26 de septiembre de 2008

Corazón

Corazón. Coraza. Cuánto se parecen el uno al otro.
Uno arde sin control. El otro evita que arda demasiado.
Yo quiero mi corazón libre de corazas y ataduras, de cadenas y ligaduras, que pueda sentir libremente, aunque me cause dolor.
Quiero un corazón que sepa sentir y sufrir y gozar y padecer.
Un corazón que no tenga miedo a todos los tipos de sentimientos que hay. Que se entregue a ellos plenamente, sin dudas, sin miedos. Un corazón que sepa que no todo es eterno...
Ay, pero qué difícil es...

martes, 23 de septiembre de 2008

Dilema

La entrada de "La paradoja de las corbatas" del blog de un amigo me ha recordado un fragmento de un libro que leí hace poco (no os digo cuál para que no descubráis cuál es la solución). El texto dice lo siguiente:


Estás en un concurso en la televisión. En este concurso la idea es ganar como premio un coche. El locutor del programa te enseña tres puertas. Dice que hay un coche detrás de una de las puertas y que detrás de las otras puertas hay cabras. Te pide que elijas una puerta. Tú eliges una puerta, que no se abre todavía. Entonces, el locutor abre una de las puertas que tú no has elegido y muestra una cabra (porque él sabe lo que hay detrás de cada puerta). Entonces dice que tienes una última oportunidad de cambiar de opinión antes de que las puertas se abran y consigas un coche o una cabra. Te pregunta si quieres cambiar de idea y elegir la otra puerta sin abrir. ¿Qué harías?

Ahí queda el reto. Se puede elegir intuitivamente o bien usando las matemáticas. Vosotros elegís.


lunes, 22 de septiembre de 2008

Por fin otoño


Hoy mi inspiración es nula, pero quería dejar constancia del hecho de que ha entrado mi estación favorita. Sobre todo en estos momentos...

sábado, 20 de septiembre de 2008

Coraza

Mi corazón está bien guardado bajo una pesada armadura de acero inoxidable.
La armadura es indestructible (o eso me han asegurado), y está sujeta con 7 candados.
No permite que nadie entre en mi corazón.
No permite que nada salga de él.
Aunque a veces algo se escapa, y a veces algo entra por unas pequeñas rendijas que tiene la coraza (es que era barata).

(continúa...)

Mi vida consiste en esperar a aquel que consiga abrir los 7 candados y quitarme la coraza.
O quizá sea yo la única capaz de despojarme de ella. Lo malo es que no sé dónde están las 7 llaves. ¿Quizá en el fondo del mar?
Si lloro, y lloro, y lloro durante días y días, puede que la armadura se oxide tanto que se deshaga (Ay, no, ahora que caigo, si es inoxidable).
Pero mientras tanto, tengo mi corazón a buen recaudo.
Quizá el linfoma que apareció de forma misteriosa hace algunos años me lo dejó insensible al amor humano, ahora que caigo (me enamoré demasiado de la persona equivocada justo antes de que me lo detectaran). Creció tanto que me invadió el pericardio. Algo cambió en mi corazón desde ese momento. No he vuelto a enamorarme desde entonces. Quizá los residuos del linfoma son mi coraza. Y sigo teniendo esa espina clavada en el corazón. Ni la quimio ni la radio consiguieron arrancarla.
O sea, resumiendo, tengo un corazón con armadura y con una espina dentro. Qué difícil debe ser sacar una espina de un corazón acorazado.

viernes, 19 de septiembre de 2008

World Wide Web

Es como una tela de araña que me tiene atrapada entre sus hilos (y que conste que soy aracnofóbica).

He estado tres días sin conexión. Hace unos meses estuve casi una semana. Pocas veces he sentido tanta necesidad de algo. Pocas veces me he sentido tan aislada del mundo. Confieso que debo ser adicta a internet.
Pero internet me ha abierto tantos nuevos caminos, tantos nuevos mundos. Encontrar trabajo, conocer personas interesantes, crear grupos con aficiones comunes, realizar cursos, escribir. Sobre todo escribir. Y que me lean. Es uno de mis mayores (y confesables) placeres. Escribir blanco sobre negro y saber que hay seres humanos que me leen y que aprecian lo que escribo o que no les gusta, y me dejan comentarios, y ya no soy una Alice anónima que en su día estuvo tan aislada en un pequeño pueblo toledano, temiendo que no podría salir de allí, sino que ahora vivo en una gran ciudad y me puedo dar a conocer al mundo entero. Eso sube mi ego, sube mi autoestima, me causa un auténtico placer. Y sólo puedo sentirme agradecida a quien inventó este medio y a vosotros que me visitáis, me leéis y me comentáis.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Dolor

Dolor por estar viva.
Dolor por sentir.
Dolor por querer ser una más.
Dolor por sentirse extraña.
Dolor por sentirse dolorida.
Dolor por tener que vivir en esta tierra.
Dolor por no amar a quien se lo merece.
Dolor por no conseguir nunca lo que se desea.
Dolor por no vivir en el País de las Maravillas.
Dolor al fin y al cabo por no ser lo que se esperaba de mí.
¿Y qué se esperaba de mí?

miércoles, 17 de septiembre de 2008

El cuello de tu camisa

Me sumerjo en el cuello de tu camisa,
rozando apenas la piel sudorosa.
Mi mundo es ahora de tela azul
que huele a plancha y a casa,
y me disuelvo entre moléculas de algodón, mitad mujer y mitad fibras húmedas.
Y me pregunto cómo he podido ser sólo mujer tanto tiempo,
Y todo lo demás se esfuma
Y algo se abre dentro de mí y siento que he llegado por fin a casa
después de tanto tiempo desterrada.

Limpieza

Armada con destornillador y paciencia, emprendo la tarea. Con una banqueta para subirme a las alturas, y un martillo por si algún tornillo se resiste.
Comienzo a quitar el primer tornillo, que se resiste y tengo que ejercer un poco más de fuerza, pero acaba por ceder y se desenrosca y cae en mi mano y luego al suelo, y el panel de madera se desprende. Sigo con el segundo, tercero, cuarto tornillo, uno a uno cayendo al suelo, inservibles.
Empiezo a estar empapada en sudor, así que me desprendo del jersey, como me estoy desprendiendo de los viejos tornillos.
Poco a poco, quito las puertas y las baldas, sólo permanece la estructura, firme aún, apoyada contra la pared, resistiendo. Mis gatos curiosos se suben a los estantes, olisquean, buscan, se aburren por fin.

Me paro unos minutos para tomar aliento. La tarea es más ardua de lo que había pensado, pero la música rock de la radio me anima a seguir, y después de tomar un vaso de agua con limón continúo la tarea.
Las baldas y las puertas se van acumulando en el pasillo, esperando su momento de ser depositadas en la acera, junto al contenedor de basura, inútiles, vacías. Los paneles de haya (quizá sólo es contrachapado, quién sabe) no pesan mucho, pero mis brazos no están acostumbrados al ejercicio físico.

Por fin la pared aparece vacía, tal como la había imaginado. Blanca. Polvorienta. Telarañas grises cuelgan reproduciendo la silueta del antiguo mueble. Termino la faena quitando todo rastro de telarañas y polvo y paso la fregona por el suelo. Ahora sí, ahora ya queda un espacio vacío para poder ser ocupado.
Me paro a contemplar mi obra. Respiro hondo, muy hondo, noto como si me hubiese quitado un peso de encima. Un gran peso. Sonrío a la blanca pared. Enseguida suena el timbre. Son los de Ikea, trayendo los muebles nuevos.
Me atuso el pelo, me limpio el sudor de la frente y abro la puerta a lo nuevo.