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domingo, 13 de julio de 2008

Gira y gira y gira. Todo gira a mi alrededor. Lo de abajo está arriba. Lo de arriba aparece abajo. Mi mundo patas arriba.
¿Cómo lo has conseguido?, ¿cómo has desordenado mi caótico mundo? ¿Cómo conseguiré huir de tus dulces palabras y tus suaves abrazos?
¿Cómo podré no librarme de tí?

sábado, 12 de julio de 2008

Días libres

Relax. Tranquilidad. Nada que hacer. Nada que yo no quiera hacer. Nada que me oblique nadie a hacer. Todo el tiempo del mundo. Toda la libertad del mundo. O casi toda. O eso quiero creer. Hasta nueva orden, todo mi tiempo es mío, sólo mío. Y pienso disfrutarlo.
¿Recordaré cómo se disfruta del tiempo libre?

lunes, 7 de julio de 2008

Me sumerjo en tu cuello, para perderme, para desaparecer. Mientras me abrazas, mis labios recorren esa fina piel que palpita, al borde de tu camisa. Y todo se esfuma (la música y los amigos y las copas), y respiro más fácilmente, y algo se abre dentro de mí y siento que he llegado a casa por fin, después de tanto tiempo desterrada.
Y el vértigo vuelve de nuevo.

domingo, 6 de julio de 2008

Destino: Barrio del Pilar, dice el letrero luminoso, en rojo. Consigo sentarme en el autobús abarrotado. Me siento tan sola. No creo en el destino, pero el letrero me recuerda una y otra vez que el mío, al menos esta madrugada, es el Barrio del Pilar. A partir de mañana, quién sabe cuál será.

sábado, 5 de julio de 2008

Es de madrugada, la calle del mercado está desierta, con bolsas y papeles por las aceras, con jóvenes de botellón en los bancos. Camino agotada sobre mis plantas, mis ojos resecos, los árboles dormidos, los camareros recogiendo las terrazas. La ciudad se prepara para dormir. Yo quiero mantenerme despierta. La noche es muy corta y el día demasiado largo.

viernes, 4 de julio de 2008

Se siente vértigo ante un camino nuevo, como junto al borde de un precipicio. Quieres dejar atrás lo viejo, avanzar y recibir lo nuevo, pero da mucha pena. Duele arrancarse lo viejo, lo que te ha servido durante meses, quizá años, y enfrentarse desnuda a lo nuevo, a lo desconocido, aunque sea mejor que todo lo pasado. Comienzas a andar titubeante por la senda sin explorar, casi tambaleando das unos pocos pasos. Supongo que según avanzas te vas sintiendo más segura y el paisaje resulta poco a poco conocido y familiar y hasta llegas a pensar que ya habías estado allí, quizá en otra vida. Pero el vértigo inicial, aquel que te paraliza en la linde, que te clava los pies al suelo y te hace dar vueltas la cabeza, ese no te lo quita nadie.

jueves, 3 de julio de 2008

Verano

Las cigarras (o chicharras que diría mi padre) cantan ruidosamante en los olivos. No se oye nada más. Hay cuarenta grados a la sombra y yo me refugio en la casa de adobes de mi infancia. Las persianas bajadas, hace casi frío. Espero a que el sol se ponga para coger mi bicicleta BH y recorrer los caminos en soledad, asustando a perdices y liebres y escuchando sólo las cigarras y el ruido de la cadena de mi bici y mi propia respiración. Me pararé bajo algún olivo, veré la puesta de sol y oiré a los grillos que le cogen el relevo a las chicharras. Ya casi de noche, regresaré a mi casa, sola en mitad del campo, junto a un pajar y a una granja de pollos, para dormir como un lirón toda la noche.

domingo, 29 de junio de 2008

No me gusta el fútbol. Pero esto me ha superado. Tanto hombre corriendo y sudando la camiseta. Tanto hombre gritando y despotricando contra el árbitro. Dándose golpes y empujones y roces tan, tan... tan sexis.
Me asombra cómo algo así puede unir a todo un país. Cómo se igualan ideologías, sexos, niveles culturales, ascendencias, todo. Ha sido una catarsis total.

Pero lo mejor de todo han sido las imágenes del vestuario, con los jugadores en paños menores, abrazándose y besándose y saltando y bebiendo y riendo y pasándoselo genial, con apenas una toalla en la cintura...
Viva la celebración y viva el momento...
Cuerpo a cuerpo. Sangre, sudor y lágrimas. Correr detrás de lo deseado. Un país paralizado. Todos siguiendo como hipnotizados a una esfera. La vida parece depender de un resultado. Ganar o perder. Casi como si fuera vivir o morir. Hay cosas más importantes, cierto. Mucho más importantes.
Pero seguir a once hombres sudorosos, corriendo en calzoncillos tras una pelota, es algo refrescante y reconfortante en estos momentos.
Sin imágenes. Sin fotos. No encuentro ninguna foto ni imagen que pueda ilustrar cómo me siento. No sé cómo me siento. Desubicada, perdida, desolada. Sabiendo lo que quiero, pero sin saber cómo encontrarlo. Sintiendo que algo hay que falla en mi vida. Que no encuentro el camino que quiero seguir. Que he perdido el mapa que me indica el camino. Que he perdido la brújula que me oriente. Que todo es demasiado complicado...
No me hagáis mucho caso, debe ser un efecto secundario de este horrible calor.