
Tus manos por mi espalda.
Tus manos por mi nuca.
Tus manos en mi pelo.
Tus manos en mi cuello.
Tus manos por mis pechos.
Tus manos en mi vientre.
Siempre tus manos...
Hay días en que las calles se tuercen, el sol te quema más, el suelo se hunde bajo tus pies, la gente es más borde, los miembros pesan, los órganos internos duelen, los muebles se derrumban sobre tí y el cielo parece a punto de aplastarte.
Sólo queda encerrarse en casa bajo siete llaves y esperar a que el temporal pase.
Que mi mente divaga.
Que mi piel arde.
Que mis labios duelen.
Que mis entrañas queman.
Que mis ojos escuecen.
Que mis dedos tiemblan.
Y nunca lo sabrá,
ni falta que hace.