Voy al DIA a por leche, pan y pienso para mis gatos, a última hora de la tarde, justo antes de que cierren.Y por enésima vez, me encuentro al vagabundo del barrio, abriendo la puerta a todo aquel que entra o sale, diciendo siempre: "buenas noches señora/señorita".
Yo siempre respondía 'gracias' con un gesto avinagrado.
Pero hoy... no sé qué he pensando al ver a ese pobre hombre, con voz de haber bebido, o de necesitar beber, o de necesitar meterse algo en vena, con ropa vieja y sucia y rota.
El caso es que le he dado una moneda de diez céntimos en su mano sucia y con un esparadrapo tapando una herida producida por a saber qué suceso...
Hoy, no sé por qué, me he sentido muy cerca de este ser humano. Diez céntimos no es mucho. No es nada. Pero quizá le he alegrado un poco. Quizá he aliviado un poco mi conciencia.









