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lunes, 10 de agosto de 2009

A dos velas

Lluvia torrencial, truenos y relámpagos desaforados. En una casa aislada en mitad del campo a trescientos metros de cualquier lugar habitado.

La luz se va. Gracias a la iluminación de la pantalla de mi portátil, mi madre puede acabar su yogur natural azucarado y tomarse sus pastillas. Gracias a la luz de mi móvil, puedo ir a la despensa en busca de un par de velas. Velas que nos iluminan el resto de la velada, hasta que, ¡oh, sorpresa!, vuelve la luz. Qué curioso que las nuevas tecnologías sirvan de ayuda en momentos en los que casi volvemos a la edad de piedra.

Todo esto me ha hecho regresar a la infancia. A las noches de verano tormentosas en que había que desenchufar la antena de la televisión para que no cayera un rayo (cosa que sucedió en un par de ocasiones), y debíamos encender varias velas para poder ver en la oscuridad, y cenar, e irnos a la cama.

Pero todo eso fue hace muchos años. Y ahora los apagones no son tan frecuentes. Y yo sólo estoy de paso en este pueblo (afortunadamente).




4 comentarios:

nykaa dijo...

Todo avanza incluso nosotros mismo con las tecnologías.Es bueno vover al pasado...pero solo un poquillo...jajaj
Saludos y suerte en el concurso.

Ysabel dijo...

volver al pasado nos hace apreciar o despreciar el presente, tú eliges hoy.
Cuando yo vuelvo a mi pueblo, siempre estoy en el ayer.

Deprisa dijo...

Mira, a mí me ahs traido recuerdos de cuando mi abuelo mandaba apagar la tele porque caían rayos. El hombre tenía la costumbre de hacerlo incluso en la ciudad, por si acaso. Que tiempos...

Alice dijo...

Soy de la opinión de que cualquier tiempo pasado fue peor... A pesar de la nostalgia que a veces nos inunda.