—¿Cómo que se acabó? —exclama Norberto.
—Pues eso, que se acabó.—puntualiza Silvina.
—Vamos, mujer, estás cansada.
—Si, la verdad es que sí que estoy cansada. Muy cansada.
—Anda, vamos a dormir, y por la mañana lo verás todo de otra forma.
—Que no, que se acabó.
—Y dale, ¿pero por qué, mujer, por qué se acabó?
—Porque no puede ser.
—¿Cómo que no puede ser?
—Pues eso, que no puede ser.
—¿El qué no puede ser?—dice Norberto empezando a perder la paciencia.
—Esto.
—¿Y qué es esto, joder?
—Nada, déjalo. Tienes razón. Estoy cansada.—Silvina le da un beso en la frente y se va a dormir.