
Ya casi había olvidado de qué color era el cielo sin nubes grises y cómo era sentir el sol en la cara. Pero hoy han vuelto. Cómo se agradecen los días de invierno despejados.
La intensa lluvia produjo anoche un apagón en todo mi edificio. Fue como retroceder un siglo en el tiempo: sin bombillas, sin tele, sin radio, sin teléfono, sin portátil... Era horrible. Deambulaba por la casa con una linterna en la mano, cual alma en pena. El silencio sonaba tan fuerte que tuve que ponerme el mp3 en las orejas para matarlo. Sólo duró media hora, pero yo ya no podía más, no sabía ni qué hacer con mis manos.


