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domingo, 5 de abril de 2009

Me despierto, pero sigo con los ojos cerrados.
Mi primer pensamiento es doloroso.
Respiro hondo intentando ahuyentarlo.
Me laten las sienes.
...
Sigo negándome a abrir los ojos.
Las sábanas, moradas, están cálidas y me acogen.
No quiero pensar en nada.
...
No lo consigo.
Tu voz cruza mi cerebro.
Una vez más.
Tu mirada me taladra.
Nunca más, oigo que murmuras.
Como el cuervo de Poe.
...
Ya pasará, me digo.
Sólo tengo que respirar.
Y cerrar los ojos.



5 comentarios:

Superwoman dijo...

Odio despertarme...
Un supersaludo

yvi dijo...

Hoy me siento igual, Alice. No entiendo esta manía estúpida que tenemos de apegarnos a lo que se puede ir. Quizás tengan razón los hindúes, cuando dicen que el apego es la raíz de todos los dolores. Pero, sin apego, ¿se puede ser feliz de verdad? ¿O no es más que una felicidad grisácea, cenicienta, tristona? ¿Estamos condenados?

Alice dijo...

Así es, tanto los hindúes como los budistas dicen eso del apego, y creo que tienen razón.
Sin apego, la felicidad no sería triste, sino inmensamente plena. Pero es tan difícil no sentir apego, que casi sólo los maestros pueden experimentar semejante estado.

Por otro lado, si no sintiéramos deseos, ¿nos moveríamos?¿avanzaríamos? ¿o más bien nos apoltronaríamos en nuestra camita sin querer levantarnos jamás?

yvi dijo...

A eso me refería, Alice... sería la felicidad de un bebé, y no creo quererla.

Alice dijo...

Discrepo, Yvi. No sería la felicidad de un bebé (yo tampoco quiero esa felicidad), que es inconsciente y se basa en tener cubiertas las necesidades básicas. La felicidad budista, en cambio, se basa en el desapego y en el conocimiento. Ser consciente, conocerse a uno mismo, y a pesar de eso ser feliz. ¿No te parece deseable? Liberarse de los velos que cubren la realidad, y de las rejas mentales que nosotros nos ponemos, y ser libre y feliz...
(uysss, mira qué filosóficamente espiritual me has hecho ponerme :-P)