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martes, 17 de agosto de 2010


Remolinos grises bajan desde la cabeza y se anclan en mis hombros. Pesan toneladas.
Bajan al pecho y echan raíces. Raíces que penetran por entrañas y tendones.
Surcan mi vientre vacío y descienden por las piernas, atando mis pies.
Mis pies que ya no saben hacia dónde ir.




4 comentarios:

Juan Antonio dijo...

No dejes que echen raíces más que las caricias que, ligeras y leves, te dibujen como un perfume delicado y sensual. Ya sabes, luego esas caricias formarán parte de la memoria de la piel.

Besos de gato a gato.

SE dijo...

Has conseguido que las palabras se entrelacen para servirnos de guia en ese viaje que recorre tu piel.

Saludos sevillanos

Mayo dijo...

Aunque sean caricas, no dejes que nada te ate. Disfruta y que tus pies vayan a donde quieran ir.
Un abrazo.

Alice dijo...

Juan Antonio, las caricias abundan bastante menos que los remolinos grises. Besos felinos para tí.

SE, muchas gracias y bienvenido :-) Un abrazo.

Mayo, ese es el objetivo, que nada me ate. A ver si lo consigo un año de estos... Besos.