Otro mal día.Lo poco bueno que había conseguido, peligra.
Estoy tan cansada de luchar tanto para nada...

Me imagino acurrucada, entre tus brazos, cuando te encuentre.
Malo, muy malo, de principio a fin, a pesar de no ser martes. Y eso que todo me va bien, menos lo que más me importa. O creo que debería importarme.
Os aseguro que estaba de buen humor cuando subí al autobús 27. Había pasado una jornada laboral tranquila y me dirigía a casa (hogar, dulce hogar). Me sentía casi eufórica. Pero bastaron una decena de paradas a lo largo de la castellana, y un par de canciones de Sabina para que mi ánimo cayera bajo cero, exactamente igual que la temperatura exterior. Cuando me bajé del autobús 49, ya de noche y bajo la lluvia, me sentía casi deprimida, sólo deseando llegar a casa, descalzarme, poner la calefacción y tomar algo que me animara. Qué forma más rápida y desconcertante de cambiar que tienen las emociones algunas veces. ¿O esto sólo me pasa a mí?
El tenis español es algo más que Nadal, hoy ha quedado demostrado después de que Feliciano (ayssss, mi paisano) y Verdasco machacaran al dúo argentino.