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jueves, 17 de febrero de 2011

Tomates de los de antes


La primera sensación eran los terrones desmenuzándose bajo mis alpargatas de niña. La segunda, el olor de las hojas de las tomateras.
Mi padre se agachaba entre las matas, arrancando hermosos tomates que iba depositando en un cubo. Observaba ensimismada sus manos grandes y callosas, retorcidas como las ramas de un olivo, cogiendo delicadamente cada fruto. Tomates grandes y rojos que te gritaban cómeme. Se movía ágil entre los surcos y me hablaba de qué tomates coger y cuáles dejar en la mata para simiente. "Los pintones hay que dejarlos un poco más", me decía.
Volvíamos juntos a casa, donde mi madre prepararía una ensalada. Nunca he vuelto a comer tomates tan sabrosos. Más que el cuerpo, alimentaban el alma.

Dedicado a mi padre, allá donde esté.

2 comentarios:

Erato dijo...

Entrañables esos recuerdos y los tomates...Dan ganas de zamparse uno en ensalada ya.Ya nada es lo que era.Nilos tomates.Un beso, Alice

Alice dijo...

Los recuerdos son entrañables, pero también dolorosos, ya que es sobre algo que nunca volverá. Gracias, Erato, un beso.