Yo ya tenía mis sospechas, pero un estudio realizado por unos científicos británicos me lo ha confirmado: los gatos nos manipulan con su ronroneo para conseguir lo que quieren. Mira que son maquiavélicos (además de terriblemente fascinantes).
En el siguiente audio nos lo explican:
miércoles 15 de julio de 2009
Gatos manipuladores
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Etiquetas: curiosidad, gato
miércoles 8 de julio de 2009
Sin palabras

Sin palabras.
Sin pasado.
Sin futuro.
Sólo tu piel que me quema.
Sólo tu boca que me come.
Sólo tu sudor que me empapa.
No pienso.
Sólo te siento dentro de mí.
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martes 7 de julio de 2009
Luna llena again

Dicen (hay estudios que lo afirman; claro que hay estudios para todo) que durante la luna llena existe mayor agresividad en los hombres y alteración en el sistema nervioso de las mujeres; hay más crímenes pasionales y violencia en general. También se dice que se incrementa el apetito sexual, sobre todo en los hombres, y se concibe con más facilidad. La luna llena es propicia para los encuentros pasionales y sexualmente intensos.
(Debe ser verdad, porque en dos días he recibido tres proposiciones "deshonestas"; me temo que tuve que rechazar dos).
¿Será verdad todo esto?, ¿será sólo sugestión?, ¿vosotros sentís algo especial en las noches de luna llena? (por favor, abstenerse de comentar los hombres/mujeres-lobo/a).
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domingo 5 de julio de 2009
¿Dónde están los grillos?

Casi de madrugada. Un camino de arena y piedras. Un campo en barbecho. Los sonidos de la carretera lejana. Luces de pueblos rodeándome. La luna nublada en lo alto. Y no hay grillos.
¿Dónde están los grillos que aturdían las noches de mi infancia? ¿los que cazaba con ayuda de agua y de mis gatos?
Siento un escalofrío mientras contemplo el campo que ya no es campo.
Mientras regreso a casa, abrazándome, oigo un grillo lejano, muy lejano. ¿Aún queda algo de esperanza? (Espe... ¿qué?)
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Etiquetas: infancia, naturaleza, pueblo
sábado 4 de julio de 2009
En el bus

Viernes tarde. Salida del trabajo. Sentada junto a la ventanilla, miro sin ver el tráfico que abarrota la Castellana, rodeada de extraños sudorosos que sólo piensan en el fin de semana o en las inminentes vacaciones. Un libro entre mis manos abierto, sin ser leído.
Me sorprendo deseando que el trayecto no acabe nunca. Que el bus recorra eternamente la Castellana, emulando al buque del Holandés Errante, sin llegar nunca a Plaza Castilla.
No es que me espere ningún destino fatídico, ninguna cita desagradable. Sólo llegar a mi casa. Pero la idea de que el bus se detenga, tener que levantarme y salir a la asfixiante atmósfera madrileña para esperar otro bus, me resulta ahora lo más desagradable del mundo. Tener que interrumpir la soñolienta tranquilidad del bus abarrotado para llegar a un "¿destino?", me parece muy incómoda.
No quiero llegar a mi casa vacía. A mi vida vacía. No quiero replantearme por enésima vez qué hacer con mi vida. Sólo deseo recorrer la Castellana arriba y abajo eternamente. Bajo sol, lluvia, granizo y nieve. Hasta que se pinche alguna rueda o yo me rinda al "destino". Lo que ocurra antes.
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Etiquetas: ciudad, depresión, desvariando del todo, verano
sábado 27 de junio de 2009

Me siento.
Cierro los ojos.
Me relajo.
Respiro hondo.
Por primera vez en muchos años.
Mis contornos se difuminan.
Con cada respiración.
Voy olvidando.
Quién fui, quién soy, quién seré.
Sigo respirando.
Me sigo difuminando.
Sigo olvidando.
Hasta olvidarte.
Casi para siempre.
Me difumino del todo.
Dejo de sufrir.
Desaparezco.
.
.
.
jueves 25 de junio de 2009
Polvo en el viento

Cierro los ojos, sólo por un momento
y el momento ya es parte del pasado.
Todos mis sueños, pasan ante
mis ojos en ese instante de curiosidad.
Polvo en el viento, todo ello se reduce
a mero polvo flotando en el viento.
Incluso la canción de siempre, es apenas
una gota de agua en un mar interminable.
Todo lo que hagamos, se regresa a la tierra
aunque nos cueste trabajo aceptarlo.
Polvo en el viento, todo lo que somos
es simple y llánamente polvo en el viento.
Ahora, no te aferres, que nada dura
para siempre excepto la tierra y el cielo.
Eso quizá se escabulle. Y ni todo tu dinero
comprará ningún minuto más de existencia.
Polvo en el viento, todo lo que somos
es simple y crudamente polvo en el viento.
Polvo en el viento, cada cosa que existe
es puro polvo volando en el viento.
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miércoles 17 de junio de 2009
Rosas cronópicas

Sólo a mí se me ocurre la genial idea de comprar un ramo de cuatro rosas rojas de tallo largo cuajado de espinas, con 33 grados a la sombra, y subir a un bus abarrotado de gente. De Cibeles a Plaza Castilla. Cuando consigo atravesar entre los viajantes sin hacer ningún serio desgarro (creo que algún pinchazo se llevó alguien, pero como iba con los cascos ni me enteré), y llegar sana y salva a la parte central (era un bus doble, con fuelle enmedio), me acomodo lo mejor posible, sudando a chorros, y el papel que envuelve las rosas se está deshaciendo en mi mano.
Una joven deja su asiento y corro a ocuparlo. Un anciano me deja pasar a duras penas, me pincho con una espina, y estampo el ramo contra el cristal de la ventanilla. Una rosa resulta trágicamente descabezada.
Es un mal presagio, pienso.
Los días siguientes me dieron la razón.
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martes 16 de junio de 2009
Los niños dan miedo
Iba en el autobús, leyendo tranquilamente. En una parada, un niño de unos doce años que caminaba por la acera de enfrente se me quedó mirando con fijeza. Alzó una mano y me disparó con un arma invisible. El bus continuó la marcha. El niño también. Se alejaba de espaldas, cuando se giró y esta vez me disparó con ambas manos. El bus paró en un semáforo. Giró en una curva. El niño había desaparecido. Miré hacia el lado derecho, y allí estaba, esperando, mirándome fíjamente, semiagachado, con las manos a la altura de los ojos, y disparándome todas las balas de sus imaginarias pistolas.
Me entraron escalofríos y tuve miedo.
Y me di cuenta de que los niños siempre me habían dado miedo. Desde que yo era niña y se metían conmigo por diversas causas, y temía cruzarme con ellos por la calle, y en el colegio parecía que todos sabían algo que yo no sabía ni nunca llegaría a saber, y se burlaban de mí por ello.
Los niños tienen algo de siniestro. Con su despreocupación y su "todo el tiempo del mundo", creyéndose invencibles y casi inmortales. Sobre todo ahora que tienen sobredosis de información y de caprichos. Quizá por eso no he querido tener descendencia...
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Etiquetas: infancia
viernes 12 de junio de 2009
No quiero ramos de flores.
Ni cenas a la luz de las velas.
Ni veinte llamadas al día.
Ni un fin de semana en un hotel de lujo.
Ni un anillo de oro.
Ni mucho menos promesas de amor eterno.
Sólo mis manos recorriendo tu espalda.


